Estoy un poco cansada de médicos, todos los días uno u otro, y ahora con los ojos de mi santo marido un día sin otro y encima nos han dicho que paciencia, que lo de los ojos son muy lentos, que por los menos un mes —menos mal que ya llevamos dos semanas—, pero la verdad es lento de narices. Estamos descubriendo que se puede enfermar de tanto ir a los médicos, así que mesura en las visitas y si hace falta, se rinde una y hace pellas.
De todos modos como este año no teníamos vacaciones en agosto, pues oye, es una manera como otra cualquiera de salir de casa; con esa excusa te tomas algún cafecito que otro, con tus churros si es por la mañana y si es por la tarde tu cervecita con tus olivicas. Y así pasaremos el veraneo porque cada médico lo tenemos en un sitio diferente de la ciudad, pues oye, que hacemos turismo sanitario y todo y ves cosas que ni sabias que existían en tu ciudad y encima este agosto se está portando bien con las mañanas fresquitas, que casi se necesita una chaquetita.
Por cierto, la enorme paliza del accidente, con sus tres vueltas de campana, sigue dando dolores; lo aviso para navegantes que estén en situaciones parecidas. A partir de los 50 tacos, todas las palizas son tremendas y cuestan un riñón superarlas. Se tiene la sensación de estar roto por dentro —que igual lo estamos en carne y grasas— y es como si estuvieras con gripe fuerte pero sin fiebre. Nos han dicho que mucha paciencia que es una medicina gratuita que receta la Seguridad Social. Pero lo malo es que no encontramos la tienda en donde la vendan a capazos.
Hoy estoy un poco espesa como veis, bueno creo que como todos los días.

Una buena botellita de cava hace milagros si se toma con unas guindas al licor. Y salir a la calle a conquistar el mundo mundial, que a veces se deja.
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