Tal y como os he dicho, estuve el viernes por pueblos de Soria y comimos en un restaurante el menú del día. A nuestro lado se pusieron unos señores trajeados y el camarero les trajo la carta, ellos dijeron que sólo querían tomar una cerveza y picotear un poco porque tenían prisa. Menos mal que tenían prisa y que querían poco, por que si no, acaban con toda la carta.
Iban tres personas y yo, que tengo que reconocer que a veces soy un poco chismosa, les veía lo que iban trayendo. Para compartir entre todos y de primero un revuelto de setas, ajetes y gambas pero con caramullo, de segundo lenguas de ternasco escabechadas pero (y sin exagerar) por lo menos un kilo (era un plato de los de pizza pero lleno que se salía), para tercero rabo de toro (cuatro buenos trozos), y de cuarto que yo me quedé atontada viéndolo, cochinillo frito y les sirvieron un plato como el de las lenguas pero con patatas fritas, más su correspondiente pan, sus cafés (eso si, sin copas) y en total una hora y media de comida, lo mismo que nosotros por que llegamos a la vez y nos fuimos juntos, pero no revueltos.
Yo me pregunto ¿si para ellos eso es picotear un poco? ¿qué comerán cuando no tengan prisa y pidan la carta?, no quiero ni pensarlo lo que tragarán, y lo que mas me revienta es que encima estaban flacos, y no tenían precisamente pintas de picar mucho en la mina. Puñetera envidia otra vez.

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