Ayer estuvimos con unos amigos cenando y nos contó las peripecias que le pasaron en urgencias médicas. Anoche nos reíamos mucho todos, incluso el, pero el día que le pasó no se reía en absoluto. Tosía mucho y raro cuando vino de trabajar, así que decidieron ir al médico, lo oscultan en su ambulatorio y lo mandan a urgencias, —¿qué le pasa?—, que toso raro y el de cabecera me ha mandado aquí. —¡Quítese la ropa!— le dicen, y las enfermeras con mucha delicadeza te la meten en la correspondiente bolsa, te ponen el camisón, el gotero, te sientan en una silla de ruedas y te dejan en un pasillo un buen rato.
A todo esto tú solo en el pasillo y la familia esperando fuera y sin decirles nada. Pasa una hora y por fin oyes tu nombre junto al de otro señor que estaba en una camilla mas “payá” que “pacá”; después de nombrarlo varias veces, al final se dan cuenta las enfermeras que al que llaman es al señor de la camilla (cosa que no pasaría si dejaran entrar a un familiar); —ala, que vamos a realizaros unas radiografías— les dicen (el de la camilla ni se entera de nada), se las hacen se llevan al de la camilla y allí se quedó mi amigo en su silla de ruedas, mas solo que la una; de vez en cuando pasaba alguna enfermera, pero debía ser mi amigo en esos momentos invisible, porque no decían ni buenas. Después de 30 minutos vienen y se le vuelven a llevar al pasillo, le ponen enfrente de dos abuelicos con todas los aparatos que existen, y ¡a la!, a esperar otra vez un par de horicas más y sin saber lo que tienes (nadie te ha dicho nada), y a todo esto las dos de la mañana.
Viene una sobrina de uno de los abuelicos, que no se sabe quien estaba peor del Alzheimer, si el tío o la sobrina, gritándole pues era sordo que si “soy fulanica la hija de tal y cual, que si me conoces”; el otro que nanay, y otra vez a grito pelao, “que soy yo”, bueno, los hermanos Márx que se quedan cortos con lo que él nos contaba anoche. Y por fin, después de estar como unas cinco horas, con gotero y camisón, le dicen que tiene una pequeña neumonía y que con unos antibióticos, todo arreglado.
Y a todo esto las cinco horas de espera la mujer y la hija fuera, sin saber qué es lo que le pasaba. Cosas de las urgencias, y de la seguridad social y eso que el Rey dijo que era una maravilla la seguridad social, claro para él que no estuvo en lista de espera y que lo atendieron —nunca mejor dicho— como un rey, es más sencillo opinar así. Hay que decir que en mi ciudad hay tres hospitales de urgencias, y esto ha sucedido en el más pequeño y antiguo de los tres, que es el que le toca por proximidad y barrio.

Si, ahora nos reimos, pero cuando pasó aquello vaya rato, sobretodo para la familia, que se quedó fuera.
ResponderEliminarEs penoso como está la sanidad en este país, porque te atienden según lo grave que estás nos egún en que órden llegas.
A veces, en otros hospitales simplemente te dicen que allí no hay que ir para chorradicas. Cuando uno es novato, va adonde más cerca le pilla y lo digo porque para mí mi ojo era importante pus no veía nada. Total que era una pestaña que creció para adentro, pero vamos, la cosa es trabajar poco y tener a los enfermos en pasillos. Para escribir un libro, da todo esto.